Despertares, Donde paso lo Impensable.

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Despertares, Donde pasó lo Impensable.

El Dr. Malcolm Sayer (Robin Williamns) escucha y observa a sus pacientes. Recibe la burla de sus colegas, pero el insiste: descubre que sus pacientes tienen reflejos y que el campo visual resulta una ayuda para poder moverse. Va mas allá aún, ve que conectan a partir de la música y la lectura. Para el neurólogo experto en botánica sus pacientes no eran vegetales.

Lucy, la primera paciente con la que trabaja Sayer, le demuestra que esta mas presente que cualquiera, que lo escucha, y que lo ve.

Leonard,

El Doctor ve que Leonard no deja de seguirlo con la mirada. Conoce a su madre que le cuenta que desde los 11 años después de un periodo de temblores se quedo tieso.

Encefalitis letárgica dijeron los médicos.

Ahí decide estudiarlo mediante electroencefalogramas observa respuestas a temas musicales, y principalmente a su nombre.

 

Con la ayuda de la enfermera Eleanor Costello (Julie Kavner), el Dr. Sayer irá revisando los historiales clínicos de aquellos pacientes ingresados con cuadros similares al de Lucy, las estatuas humanas, incluyendo a Leonard Lowe (Robert De Niro).

 Los diagnósticos del ingreso resultan de lo más diversos: esquizofrenia, histeria, impedimento nervioso, pero todos ellos con un nexo epidemiológico común, todos habían tenido “encefalitis letárgica” 

Por aquel entonces se estaba empezando a utilizar la L-DOPA (o levodopa) para tratar los síntomas de las personas con párkinson, y Sacks, el autor de Despertares, vio una posible relación. Si sus pacientes no podían iniciar movimientos, tal vez tenían un déficit de dopamina. La L-DOPA es una molécula que, a diferencia de la dopamina, es capaz de cruzar las barreras que rodean y protegen a nuestro sistema nervioso (las meninges) y una vez allí, transformarse en la molécula de interés, la dichosa dopamina. Si había un déficit, tal vez la L-DOPA podría solucionarlo.

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La levodopa conseguía una espectacular mejoría, pero sólo temporalmente: con el tiempo eran necesarias dosis mayores —con importantes efectos secundarios—, y los periodos de activación que proporcionaba la medicina eran cada vez más cortos. Por otro lado, conforme el tiempo va pasando y la degradación neuronal del paciente prosigue, es más difícil para el organismo convertir la levodopa en dopamina, y así los efectos van desapareciendo. A pesar de seguir tomando la medicación los enfermos fueron, poco a poco, volviendo a caer en el letargo en el que habían permanecido años antes de la levodopa.

“Al acabarse las posibilidades químicas, tuvo lugar otro despertar: que el espíritu humano es más poderoso que cualquier droga y que eso es lo que debemos alimentar con trabajo, ocio, amistad y familia, que son las cosas importantes, las que teníamos olvidadas, las más sencillas”
Oliver Sacks
Neurologo, Psiquiatra

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